martes, 18 de octubre de 2011

La vida padre (o madre)


Hay padres libres y padres con cadenas.

Hay padres yo-soy-el-primer-padre-del-mundo-esto-es-único.

Hay padres “mi hijo no ha dormido nunca la siesta ni se ha acostado antes de las 11 porque no quiere”. Hay padres “mi hijo no lee o no estudia porque no le gusta”. Ah, bueno, si no quiere…si no le gusta…

Hay padres "todobien". Padres "fenomenal fenomenal". Padres que nunca gritan, nunca lloran, nunca se desesperan, nunca han pensado “pequeño cabroncete” o “estoy hasta el coño/los cojones de repetir lo mismo”, nunca han  desfallecido en su entusiasmo. Son los padres de Caillou pero con vida sexual.

Hay padres de anuncio, que son ambos tan guapos, tan encantadores, tan en forma, tan todoterreno japonés de color oscuro que al pasar a su lado uno tiene la tentación de buscarles en la espalda o en el pecho el logo de una marca, porque, sin duda, incuestionablemente, ALGUIEN o ALGO les tiene que patrocinar…

Hay padres que compran libros (así les llaman) infantiles por temas: solidaridad, adopción, discapacidad, terrores nocturnos, consumismo…son padres voy-a-conseguir-que-mi-hijo-aborrezca-la-lectura-cuanto-antes. (Inciso: si quieres que tu hijo vea que es normal que dos hombres sean padres, no compres un cuento sobre qué normal es tener dos padres).

Hay padres que dicen “este chiquillo es tonto”  o (incluso) “pero tú eres tonto, o ¿qué te pasa?” y, sorprendentemente, no se sienten insultados ni caen fulminados por un rayo de vergüenza. De entre todos los padres gilipollas, estos destacan como los ejemplares más cumplidos de gilipollez. No suelen coincidir con los tipos anteriores, pero se dan casos híbridos.

Hay padres “en ese cole van muy retrasados con los contenidos”. Suelen coincidir con los padres “desde luego en el nuestro están muy encima de los niños”. A veces son también padres “para mí es fundamental que sea bilingüe”, y en ocasiones extremas resultan, a la vez, padres “dos horas al día por lo menos de deberes y estudio”, conocidos como Padres Cultura del Esfuerzo o Padres de la Excelencia.

Hay padres, en resumen, empeñados en que sus hijos sean lo que los niños, por definición, no son si no les deformamos: AUTÉNTICOS GILIPOLLAS SIN REMEDIO.

Y claro, hay padres que hacen lo que pueden, padres nada más, grandes padres que procuran que sus hijos sean un poco más equilibrados, más conscientes y menos gilipollas de lo que ellos son/han sido. Pero eso es otro blog.

jueves, 13 de octubre de 2011

Ven, decórame otra vez...

      Me encantan las tiendas de dietética. No puedo evitarlo. Oigo la palabra herbolario y un latigazo de placer sacude mis extremidades. Todas esas soluciones sin problema son el complemento ideal de la vida, llena de problemas sin solución. Y los olores. Y las cajitas. Y las dependientas. Si además son también las propietarias del negocio mi admiración es incontenible, y se me disparan las asociaciones lógicas: toda propietaria de un sitio monísimo de nutrición, dietética y cosmética natural está exactamente a dos tés de distancia de haber sido propietaria de una tienda monísima de decoración. O, más precisamente, a un té y un botecito de flores de Bach. Estos mecanismos míos de asociación escapan por completo a mi control, y son a veces tan clarividentes, o tan desquiciados, que hacen parecer las metáforas futuristas simples como el tweet de un futbolista. Veo a una mujer dispensando aceite de onagra y la imagino, con mínimos retoques y el mismo todoterreno, alabando las virtudes de un mueble chino decapado. 
 No tengo ahora tiempo –se nota, creo, por el abandono en el que tengo la casa de Regardé: ni el polvo le he quitado en 8 días- para entrar en detalles, pero la decoración es uno de los grandes males de nuestro tiempo, a la altura, o casi, de la literatura infantil que educa en valores y de los putos cursos de técnicas de control del estrés. 

Concluyendo: ¿de dónde sale el dinero de esas tiendas carísimas? ¿No habrá una secta que las financia? ¿No serán todas esas mujeres que tan profundamente admiro cyborgs fabricados en algún sótano de ciencia ficción? Y, siguiendo con las asociaciones, ¿cómo hace Lucía Etxebarría para asegurarse con cada entrevista promocional de que no vamos a comprar el libro que promociona? ¿Se adquiere esa habilidad o se nace con ella?
        
      Como no todo va a ser en este blog admiración por las bondades del mundo, rendida pleitesía ante la inteligencia que nos envuelve y buenos sentimientos, aprovecho para hacer una súplica. ¿ES ABSOLUTAMENTE IMPOSIBLE QUE SIGAMOS SOÑANDO CON ANA PASTOR? ¿No podrían conformarse con quitarnos el estado del bienestar, hacernos pagar por la educación, recortar subsidios, eliminar todos los festivales de cine y literatura y borrar todos los premios de poesía que pensábamos ganar? ¿NOS TIENEN QUE QUITAR TAMBIÉN A ANA PASTOR?

miércoles, 5 de octubre de 2011

Pajaritos

Cuánto estoy aprendiendo, desde que tengo este blog. Me ha dicho un pajarito que los blogs no deben tener entradas largas, que deben incluir más gadgets y enlaces y que un blog sin facebook ni twitter está muerto. Vale.



Otro pajarito me aseguró ayer que hacer bromas con la portada de Beigbeder o criticar a Espido Freire porque hable de sus trapitos y de cómo se premia con un Channel cuando consigue un “logro personal”  demuestra que soy un lector antediluviano, un resto de serie del siglo XX con prejuicios y resistencias dignos de un Adorno (en versión lega, se entiende). Cuando lo dicen los pajaritos, que lo saben todo, algo de verdad habrá…

Hace un rato, en el colmo de mi desesperación, me ha soltado un tercer pajarito que modere mi escepticismo sobre la red mientras esté en la red, algo así como si no pudiera criticar algo de mi ciudad o mi país si no emigro antes, o mejor, como si no pudiera criticar otra ciudad mientras estoy allí (porque estoy allí), en fin, como los gilipollas que dicen que los inmigrantes no tienen derecho a quejarse de nosotros o de nuestro país porque han venido.

 ¿Será mala señal tener el escepticismo digital del mismo tamaño que el analógico? Ya hablamos aquí de un aspecto del tema, pero, además, no sé por qué debería cubrirme de una inocencia que no tengo en el mundo real. Un ejemplo: hace poco, Alberto Olmos seleccionaba lo que consideraba esencial “en la circulación del hecho literario en Internet” y utilizaba como uno de sus criterios el número de comentarios de los blogs, y, supongo, sus visitas. A ver si lo entiendo… los best-sellers en papel son basura en su mayoría, y su popularidad no los dignifica (de hecho, a menudo, parece que los estigmatiza), pero un blog muy visitado y con más de cien comentarios al día merece atención o respeto, aunque sea una puta mierda con menos interés y escrita mil veces peor que el peor de los best-sellers. Y oye, que no hay nada que objetar a los blogs que tienen cientos de comentarios, nada que objetar a su popularidad. Mejor para ellos, pues de crear lazos, sentirse arropado, “expresarse” y afianzar la autoestima se trata básicamente en la mayoría de los casos, y lo logran. Chapeau. Ahora bien, con todo el respeto a Olmos, que nos ha hecho y nos hará pasar muy buenos ratos, la literatura es otra cosa, y no puede medirse por el número de usuarios únicos ni por la cantidad de comentarios. El Gran Gatsby y Ulysses se publicaron el mismo año, pero solo cuatro se enteraron, porque la gente compraba por miles las novelas infumables de Hutchinson. Y, para terminar de quedar como un neandertal: ¿alguien en serio cree que los poemas imprescindibles o los cuentos brillantes que alguien esté publicando en su paginita desde, pongamos, Cuenca, recibirán la atención que merecen? ¿Que podrá ser tan visible como Luna Miguel, como Fernández Mallo? ¿Alguien cree que si Beckett escribiera hoy algo tan radical y exigente como Molloy o Malone muere podría publicarlo? Y si lo hiciera en Internet, ¿cuántos comentarios tendría?, ¿cuántos usuarios únicos?, ¿cuántas visitas?

 Lo sé, lo sé perfectamente: hoy me he vuelto a poner demasiado serio. Hago propósito de enmienda para la próxima entrada y, de momento, me impongo un castigo severo: empiezo a flagelarme después de comer. Es que ahora tengo que ponerme a cocinar…Hoy, mi chica y yo comemos pajaritos fritos. Con un Monastrell, cojonudos.

martes, 27 de septiembre de 2011

Breviario de otoño -2011


1.      Los otoños posteriores a un verano con canción del verano eran mejores.
2.      En los otoños que seguían a un verano con canción del verano no echaban a Javier Marías de las librerías. Millones de parados, recortes sin límite, enfermos que no reciben atención,  escuelas en barracones…y ahora esto, que realmente colma el vaso: han echado a Marías de una librería. ¡A Javier Marías, nada menos! Pero hombre,  dónde vamos a ir a parar… Menos mal que él mismo y EPS nos mantienen informados de todos los detalles de este acontecimiento que sin duda ha sacudido los cimientos del mundo tal y como lo conocíamos.
3.      No es cierto. Esperanza, la líder- esa, no tenía una relación con Gadafi.  Es un rumor absurdo, aunque parezca explicar tantas cosas...  “Son criticaciones de cuatro envidiosas…”
4.      Si a Javier Marías le roban el turno en la carnicería o tropieza al salir del portal de su casa, este será el peor otoño en las últimas décadas. Estemos pendientes de las últimas novedades y preparémonos para lo peor.
5.      Un hombre que se suicidó ayer en un pueblo de Albacete porque no estaba seguro de si quería que llegara pronto el 20N ( y que acabara pronto la campaña interminable) o que no llegara nunca. Incapaz de decidir, decidió no llegar él.
 6.      Hay algunas revistas de moda que regalan periódicos. Hay suplementos de moda que regalan con la sección de moda de una revista de moda que le creció  a una cabecera de moda. Beigbeder, tras su posado,  ha confirmado su asistencia a Gaudí , Cibeles y Milán.  La moda es un arte, un mundo, una cultura. Los diseñadores son genios. Los fotógrafos de moda son genios. Boris es un genio. Vitorio y su primo también. Vale. Guay.  Amén. Pero el cabrón rancio , mostrenco y desfasado que hay en mí, entre bostezos de aburrimiento, solo puede decir: mis cojones, la moda es arte. Y la peluquería, no te jode. Y la jardinería. Y la puta mierda del interiorismo. Ya. Respiro hondo y lo dejo. Ya. Ya está.
 7. Los fisioterapeutas no dan abasto este otoño, con la de tortícolis que hay. Todos mirando al cielo. Por si cae el satélite, por si cae el millón de empresarios de Rajoy (la NASA tampoco ha podido hacer una previsión del lugar en el que caerán, ni si lo harán todos de golpe, o de cien mil en cien mil), por si cae la prima de riesgo, por si cae la lava del volcán…  no se preocupen, saldremos de este otoño, sobreviviremos, siempre que nos aseguremos de distribuir fotografías de Marías entre los pocos españoles, digo europeos, que no lo conozcan, en particular a los dependientes de librerías, joyerías, panaderías y tiendas de discos. No vayamos a tener otro disgusto.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Esperanza

      Me había prometido que este blog sería únicamente para desahogarme, nunca para contar mi vida ni compartir con los demás si he tenido una buena digestión o me ha salido un grano en el colodrillo. Voy a romper esa promesa. Como bien sabéis, hay sueños de los que cuesta tanto desprenderse que siguen intranquilizándote durante la vigilia, y solo explicándoselos a alguien parece que van volviendo a su lugar, al otro lado. Así  que, haciendo una excepción en los propósitos de este blog, os lo cuento, a ver si me ayuda a calmarme.
     Anteayer tuve una pesadilla de la que no he conseguido salir aún del todo. Yo tenía 16 años, y salía del instituto con andar desgarbado y unas zapatillas John Smith que pedían a gritos un cubo de basura.  Me sentía torpe y desconsolado, como a los 16. El realismo de mis sensaciones venía confirmado por un tupé de al menos 40 centímetros, sostenido, seguramente, por un andamiaje invisible. De repente, una mujer rubia, de unos 60 años se dirigía hacia mí. Tenía los ojos pequeños y para ganarse mi confianza me decía que era familia de un poeta que a mí me encantaba. Parecía amable. Su sonrisa, sin embargo, tenía algo inquietante, como si supiera algo que nadie más sabía, o como si no sintiera algo que todos los demás sentían. Sin previo aviso, se lanzó sobre mis libros de 3º de BUP y mis carpetas forradas y me los arrebató. Hizo una pila con ellos y les arrojó gasolina mientras reía a carcajadas. No sé por qué, pero lo más angustioso de la escena no era el fuego que se llevaba mi bachillerato, sino ver bailar a aquella mujer con calcetines blancos y zapatos de tacón alrededor de las llamas. Aterrado, intentaba alejarme de ella, y echaba a correr. Descubría entonces que todas las calles llevaban a una discoteca de la ruta del bacalao, un lugar desproporcionadamente grande donde había que coger número para comprar speed. Podía oírme gritar para intentar sacar de mi memoria la risa de aquella mujer. Me frotaba los ojos hasta casi arrancármelos para olvidar la escena de la hoguera. El sueño duró toda la noche. A la mañana siguiente, cuando bajé al kiosco, la señora liberal todavía estaba allí.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Tengo una teoría

       Sí, soy uno de esos. Uno de los insoportables que ven pasar una mosca y hacen una teoría, ponen la tele y hacen una teoría, escuchan a dos chonis en una cafetería y no se conforman con ponerse nerviosos, hacen una teoría… así soy, qué le vamos a hacer. Peor para mí, y para mis “allegados” (qué gran palabra, “allegados”; ¿de dónde llegaron?,¿cómo se arrimaron a mí?, pobres…), que tienen que sufrirme y fingir interés en el planteamiento, desarrollo y dirección de mis teorías. Por fortuna, tengo un par de amigos con una patología similar, y juntos podemos desfogarnos bastante, con la paciencia que da exigírsela a los otros. Eso sí, ellos son mucho más listos, de modo que en sus actividades habituales ocultan esta debilidad, esta mancha, este vicio. Yo no. Yo soy un yonqui de las teorías, un torturador impenitente de las mentes vecinas, un…  un coñazo, vamos.  Bien, pues hecha esta confesión, hoy quiero exponer una teoría. No, no se asusten, no debe de ser mía: quién tiene teorías propias, quién no piensa de prestado,  a rebufo…
     La probabilidad de que nos rebocemos en la gilipollez, de que chapoteemos en ella, es inversamente proporcional a la familiaridad del barrizal. No se trata de conocimiento, sino de familiaridad. Eso explicaría que un ser humano razonable, que no aceptaría que se le aplicaran sanguijuelas por todo el cuerpo como hace doscientos años, o que una curandera murmurara unas oraciones católicas mientras le pasa la mano sobre un sarpullido, acepte en cambio poner unos bulbos en agua, repetir frases monótonas en lenguas desconocidas, o tomar unas bayas milagrosas que sirven para curar decenas de enfermedades distintas. Así, con la abrumadora fuerza agilipollante de lo exótico, el goji se vuelve mejor y más poderoso que los arándanos, las infusiones de bambú adoptan un aura maravillosa y los chacras parecen sabiduría ancestral frente a la superstición de los humores de Huarte de San Juan. 
        Ni el que desprecia lo “otro” ni el que lo idealiza tienen ocasión de razonar, pues actúan con el prejuicio del exotismo, muestre este la cara que muestre, la de lo “aberrante” o la de lo “interesante”.  Raramente la fascinación o el odio ciegos se aplican a nosotros mismos, a lo nuestro, pues somos conscientes de ser el que mira y lo mirado, y esas posturas maniqueas, inhumanas, nos suelen estar vedadas (hay excepciones, claro: citaba Muñoz Molina una frase de Uriarte, según la cual en los nacionalistas hay algo de turistas en su propio país), al margen de que seamos más o menos conscientes de nuestra complejidad, como podríamos serlo de la de los otros.
     Y luego están los nombres. Joder, cómo no sucumbir a esos nombres … Si te dijeran, “prueba este ungüento chino”  pero no, te dicen, “prueba el bálsamo del tigre”, y caes rendido, claro. Cómo no bajar la guardia, cómo mantener las defensas de la razón ante algo que se llama  “masaje Champi” (ya me está apeteciendo), “terapia áurica” (me la pido, me la pido), “masaje con piedras de jade”(oyyyy...), numerología tántrica… perdonad, no puedo seguir con mi teoría, tengo que ir a un centro de terapias orientales que hay cerca de casa, con un yogui de nombre impronunciable que debe de ser la leche…

martes, 13 de septiembre de 2011

Agáchate, que no es nada

      No, no es una cita de Marcial Maciel, es (o parece ser) el lema del otoño que nos espera. Un otoño largo, que va a durar por lo menos hasta el 2015, o más. Da miedo. Un poco de pena también, pero sobre todo miedo. No sé si va a haber tijeras para tanto recorte y hebillas para tanto cinturón apretado. No sé si va a haber ibuprofenos para el dolor de cabeza que nos darán las explicaciones y los paños calientes,  ni si vamos a tener suficiente inteligencia para tanto insulto a la susodicha, bastantes derechos laborales para cederlos a la voracidad… Pero es que, encima, ni siquiera podremos babear con Ana Pastor (lo siento por los/las que prefieren hombres, pero no se me ocurre un equivalente masculino). Ni esa ilusión nos va a quedar. Para que luego digan que, si sueñas con fuerza, tus deseos se cumplen.
Un día hablaremos aquí más despacio del optimismo gilipollas al que nos conminamos. Hoy solo quiero confesar que cuando aparece uno de esos/as muchachos/as en un casting televisivo, en un festival de cortos, en un foro de poetas, etc. convencidos de que “perseguir los sueños” es garantía de que se cumplan, de que a los 20 años ya “han luchado mucho” por “sus sueños”, en fin,  convencidos de que Mickey siempre gana a los malos y por eso mola que te cagas, uno debería sentir ternura, y sin embargo uno, que es un hijoeputa, solo siente ganas de hacerles deglutir una a una las páginas de la obra completa de Rojas Marcos, Punset, Bucay senior, Bucay junior y Agustín Fernández Paz. Lo sé. Soy cruel y despiadado. No siempre huelo bien. Y, por si fuera poco, a ratos me hace gracia Mourinho. Lapídenme, no opondré resistencia. Pero agáchense, que viene el otoño. Agáchense, que no es nada…